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Diferentes usos sociales del meme y reinterpretación del concepto de cultura

 

Fuente: macrovector | Freepik

Adrián Claudio Bonache (@otroadri)

Los memes son actualmente conocidos por ser una herramienta que tiene como uno de sus principales objetivos crear humor. Están extendidos por gran parte de la sociedad, especialmente entre las generaciones más jóvenes. Para ello, ha sido fundamental el uso de Internet y las redes sociales (especialmente desde la década de 2010), que conllevó al auge de foros cuyo propósito se basaba en facilitar la difusión de todo tipo de contenido, incluidos los contenidos de tono humorístico. Este fenómeno favoreció a una gran difusión de imágenes cómicas que se viralizaban fácilmente, creando así el concepto que hoy en día se conoce como meme.

Richard Dawkins, uno de los principales biólogos evolutivos del mundo, dijo en la década de 1970 que “cuando morimos hay dos cosas que podemos dejar tras nuestro: los genes y los memes”, estableciendo lo que posteriormente se conocería como la cultura del meme como una tendencia que había llegado para permanecer. Es por este motivo que la definición científica del meme sostiene que se trata de un elemento cultural transmitido entre personas e incluso entre generaciones.
Por otro lado, el biólogo evolutivo apuntó que “si quieres entender la vida no pienses en légamos vibrantes y fluidos palpitantes, piensa en tecnología de la información”. Es en este proceso de creación, almacenamiento, transmisión y percepción de la información (tecnología de la información) donde se encuentra la revolución digital que actualmente acoge nuevas formas de expresión social, cultural e informativa. 

El neurofisiólogo estadounidense Roger Sperry sostenía que “las ideas provocan ideas y ayudan a la evolución de nuevas ideas. Interactúan las unas con las otras así como con otras fuerzas mentales dentro del mismo cerebro, en cerebros vecinos y, gracias a las comunicaciones globales, también en otros cerebros lejanos y ajenos”. Por lo tanto, a través de esta descripción de las ideas construye un pensamiento argumentado en relación con la defensa de una forma de expresión social perfectamente compatible con el fenómeno del meme. En él, los usuarios vuelcan su creatividad y, a la vez, ésta facilita la creación de otras ideas que terminan siendo plasmadas en forma de meme y extendidas mediante las comunicaciones globales que actualmente recaen principalmente en las redes sociales como canal de difusión.

Para analizar la cultura del meme es necesario realizar una diferenciación entre la llamada alta cultura (que son contenidos elaborados con un mensaje profundo que, en ocasiones, incitan incluso a la búsqueda de más información sobre el tema que se está tratando) y la baja cultura (contenidos con mensajes menos elaborados que no abarcan la profundidad necesaria y muestran una apariencia superficial y frívola). Cabe destacar que actualmente el uso de las redes sociales como uno de los principales canales de difusión del meme ha incitado al auge de los contenidos de baja cultura, ya que en espacios como Instagram o Twitter impera la inmediatez, la competitividad y las visualizaciones. Estos factores han proporcionado una mayor facilidad para difundir contenidos cuyo único objetivo es crear humor, pero que no necesariamente han sido elaborados a través de una idea bien estructurada. De hecho, muchos memes inicialmente se difundieron sin un mensaje claro y han sido los propios usuarios los que han creado un significado a raíz de un contenido que en su origen no tenía sentido. Aquí se encuentra la cultura del meme, pues una imagen cómica sin significado puede llegar a ser conocida mundialmente.

Iván Navarro Flores indica en su trabajo  Los autores de memes en Instagram y la mediatización de la música urbana en España que “existe en Instagram una tendencia a la centralización de la producción de memes en un reducido número de cuentas que reclaman para sí la condición de autores”. De este modo, se limita el espacio de producción de memes a una menor cantidad de personas, que son las más conocidas mediáticamente. Es más, en algunas redes sociales (especialmente Instagram) ha habido en más de una ocasión señalamientos entre cuentas dedicadas exclusivamente a la publicación de memes. Todo ello debido al plagio de ideas o directamente al ‘robo’ del contenido. Estos comportamientos en el espacio digital demuestran que las redes sociales tienen ventajas y desventajas, ya que son una vía fundamental de difusión de contenido y facilita el enriquecimiento de cultura pero, a la vez, los factores que imperan en ellas facilitan la apropiación de contenido ajeno (más aún en una sociedad de consumo donde existe un abusivo uso de lo digital y se intenta construir una imagen de poder mediático, un fenómeno correctamente mostrado en el documental El dilema de las redes sociales).

En el sentido contrario se encuentra la alta cultura, es decir, los contenidos más elaborados, profundos y con un carácter más ‘profesional’, pues muchos de estos contenidos son memes que surgen de una idea artística correctamente estructurada, diseñada y estudiada antes de proceder a su creación. Entre los puntos fuertes destacables de este tipo de contenidos se encuentra una cierta autonomía, es decir, no suelen estar influenciados por los gustos o expectativas del público objetivo, debido a que indaga en una faceta informativa (aunque no de forma completa para estar plenamente informado sobre un tema) que prima sobre una faceta meramente de ocio. En este aspecto, se puede descubrir cuentas dedicadas a informar sobre curiosidades y aspectos políticos, filosóficos, económicos, bélicos y un sinfín de campos diferentes. ¿Y cuál es el motivo por el que ha tenido un impacto tan grande este tipo de memes? Es difícil encontrar una respuesta concreta para esta cuestión, aunque, sin duda alguna, es innegable que ofrecen un nuevo modelo comunicativo que ha logrado adaptarse perfectamente a la digitalización, siendo un formato bastante atractivo para los usuarios de las redes sociales. Además, ofrece cultura e información con un tono humorístico, alejándose del lenguaje informativo convencional propio de los medios de comunicación. No obstante, se encuentran algunas desventajas, como por ejemplo la escasa información que se puede plasmar en los memes. Es por este motivo que la alta cultura del meme puede ser el puente que conduzca al usuario a aumentar su interés por un determinado tema, pero no tiene la capacidad suficiente para informar de forma completa y en profundidad sobre un tema específico al consumidor de esta producción cultural.

A pesar de la diferenciación entre estos dos tipos de cultura (alta y baja), el concepto de cultura a través del meme está constantemente sometido al debate social, ya que algunas personas creen que la baja cultura no se encuentra a la altura de un contenido artístico aunque consiga una gran repercusión, transmisión entre generaciones, permanencia en el tiempo o posesión de un significado e influencia en los actos y relaciones sociales.
Partiendo de esta postura que se aleja de la definición científica del meme, ¿se podría decir que está surgiendo una nueva idea sobre lo que es el meme? Posiblemente, a raíz de las facilidades aportadas por las redes sociales y las aplicaciones exclusivamente centradas en la edición y diseño ha surgido, para un sector de los consumidores de memes, la necesidad de estructurar y replantear los contenidos de forma profunda para ser considerados como parte de la cultura artística.

De cualquier manera, nunca está de más atribuir al fenómeno del meme los méritos y logros que merece. Por ejemplo, las cuentas en redes sociales dedicadas a la producción de cultura de memes en torno a la música tienen el poder de crear comunidad, es decir, agrupar en diferentes círculos mediáticos a grandes grupos sociales con gustos musicales en común, fomentando los debates sobre cantantes, géneros musicales, estilos, composiciones y un largo etcétera. Y no solo en torno a la música, sino que se puede extrapolar a cualquier otro espacio. Por esta razón, los memes funcionan también como una herramienta más de comunicación no solo entre el usuario que publica el contenido y su audiencia, sino que también entre los diferentes usuarios con aspectos en común.

Pero el meme no solo ha llegado a los círculos culturales y de ocio; también ha llegado a las instituciones y a la comunicación corporativa. Tan extendido está su uso que, de hecho, ha sido fundamental en el aspecto comunicativo de partidos políticos como Unidas Podemos, que ha centrado su pilar comunicativo en este formato durante las últimas campañas electorales. ¿Por qué motivo? Para entender esta estrategia comunicativa es necesario tener presente que las generaciones más jóvenes (y más familiarizadas con la cultura del meme) representan un gran grueso del público objetivo al que se dirige la formación morada. Aunque la gran cuestión es la siguiente: ¿representa el meme la mejor opción para atraer al electorado en un campo tan delicado, serio e importante como es el campo político? Algunas personas consideran que su uso en este ámbito supone la infantilización del discurso político, pero, en contraposición, hay quienes se ven atraídos por ese tipo de contenido. Por lo tanto, solo el tiempo dirá si este formato consigue buenos resultados a medio-largo plazo.

En definitiva, el meme se ha adaptado perfectamente a la digitalización de la información, a sus cambios y renovaciones. Quizá por este motivo la cultura del meme se ha enriquecido de forma constante desde hace más de una década y los contenidos de la baja cultura han obtenido un gran impulso en las redes sociales. Por ello, es incuestionable que este formato ha llegado a la rutina mediática para quedarse y para prevalecer como un tipo de información más novedoso e interactivo que el modelo tradicional. No obstante, es conveniente prestar atención al debate social desarrollado en el marco de la definición de cultura, puesto que, como se ha comentado anteriormente, con la comodidad aportada por las redes sociales y las aplicaciones de edición gráfica, parte de los consumidores de este tipo de contenidos se aleja de la definición científica que otorgó Richard Dawkins al meme.


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