Adrián Claudio Bonache (@otroadri)
Muertes, hipotermias o sabañones son algunas de las
consecuencias surgidas por la desatención de unas instituciones incapaces de
garantizar suministros básicos a la ciudadanía, como por ejemplo la
electricidad. Las personas sin hogar o los vecinos de la Cañada Real
son los ejemplos más recientes y actuales de la agonía que supone vivir sin
electricidad o la imposibilidad de costearse un hogar que cuente con las
necesidades vitales mínimas.
En un modelo social y económico establecido en base al ‘tanto tienes, tanto vales’, parte de los ciudadanos no tienen la posibilidad de vivir dignamente y, además, no cuentan con un respaldo institucional que revierta la improcedente situación en las que han de sobrevivir. Desde hace más de un año, los vecinos de la Cañada Real se encuentran sin electricidad. Esta falta de suministros eléctricos ha afectado a más de 1.800 menores de edad que duermen con otras personas para paliar el frío, utilizando mantas porque no tienen calefacción en casa, estudiando frente a una vela porque carecen de la iluminación de una bombilla, duchándose sin agua caliente o acudiendo al médico con sabañones en las manos a consecuencia del frío.
Sabañones en la mano a causa del frío
Una niña de la Cañada Real escribió una carta que la
presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, escuchó en la Asamblea de Madrid, donde decía: “Los días pasan y poco a poco
voy normalizando el hecho de estudiar con una vela, ducharme con agua fría o
dormir con cinco mantas. Pero lo que no consigo estabilizar son mis sentimientos,
ya que me siento excluida del resto de la sociedad”. A lo que Ayuso, con la
indiferencia que el escenario político nos tiene acostumbrados, respondió: “Yo
no gestiono los sentimientos”.
Su bienestar, como el de cientos de menores, no estuvo
garantizado durante el temporal Filomena, cuando todo el país se
encontraba bajo alertas de nevadas y temperaturas mínimas (que afectó
especialmente a la Comunidad de Madrid, donde se encuentra este barrio olvidado
por el ámbito político). A pesar de ello, no parece que la situación vaya a
mejorar durante estos fríos meses que ya han comenzado, sino que todo apunta a
que la situación empeorará por las abusivas subidas del precio de la luz. Pero
esta situación no afecta solamente a los niños. El 2 de enero de 2021 falleció
un hombre de 74 años de la Cañada Real y, según la denuncia de sus familiares
contra la Comunidad de Madrid y la empresa eléctrica Naturgy por una omisión de
socorro, el hombre llevaba días asegurando que tenía un frío del que no se pudo
desprender. Por este motivo, los familiares, que también sufrían las
consecuencias de la ausencia de suministros, denunciaron que la muerte estaba
relacionada con los cortes eléctricos.
Del mismo modo afecta a las personas sin hogar que,
especialmente durante el temporal Filomena, sufrieron las consecuencias de no contar
con los suministros eléctricos que les alejasen del mortal frío que acabó con
sus vidas. En Barcelona murieron tres personas sin techo a causa de hipotermia
en poco más de dos semanas. Una evidencia más de la tragedia en la que puede
desembocar la ausencia de suministros eléctricos que posiblemente se agravarán
en los hogares más vulnerables ante las continuas subidas eléctricas. El estatus económico o nivel adquisitivo prima sobre las
garantías de abastecimientos vitales mientras se buscan más soluciones para
“aprovechar” el consumo eléctrico que por disminuir los precios. Si los
gobernantes no garantizan un derecho fundamental como la vivienda, ¿cómo van a
garantizar los suministros energéticos?
Persona sin hogar se resguarda del
frío con una manta | Edu Botella | AGM
Subida del kilovatio hora de electricidad
A mediados de septiembre, Facua (asociación dedicada
a la defensa de los derechos de los consumidores), publicó un análisis sobre el
precio de la electricidad durante los primeros 14 días del mes donde afirmaba
que el kilovatio hora de electricidad alcanzaba el 100% y el usuario medio tenía
un incremento de 41 euros en la factura (llegando a los 108 euros) en
comparación con septiembre de 2020 (donde la media del recibo era
aproximadamente de 66 euros). Durante estas dos semanas de estudio sobre los
aumentos del precio, el análisis afirma que la media del kilovatio hora entre
los tres tramos diarios (horario valle, horario llano y horario punta) ha crecido
hasta el 104,4%.
Estos datos son importantes para Rubén Sánchez,
periodista, secretario general y portavoz de Facua, que denuncia la falta de información
para el consumidor debido a que “la nueva factura eléctrica regulada por el
Gobierno oculta el precio medio del kilovatio hora”. Además, señala la necesidad
de una rectificación por parte del Gobierno porque esta inaceptable regulación
podría desembocar en el fraude de las empresas eléctricas contra los
consumidores, la vulneración de un derecho básico y la falta de
transparencia adoptada del Gobierno de Mariano Rajoy.
Pero los precios seguirían subiendo y el pasado mes de
noviembre el recibo del usuario medio aumentaría hasta los 121 euros
aproximadamente. Mientras tanto, el Gobierno no solo continuaría sin tomar
medidas para frenar estos abusos, sino que
difundían falsos e insignificantes avances, como hizo Unidas Podemos a través
de las redes sociales. A pesar de ello, España batirá hoy, 12 de diciembre,
un nuevo récord alcanzando los 256,98 euros el megavatio hora, posicionándose
como el domingo más caro de la historia.
Por otro lado, la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), sigue la misma línea que Facua en cuanto a la denuncia de la omisión de datos esenciales en las facturas, como es el precio del kilovatio hora pagado por el ciudadano en cada franja horaria. Así se une a la petición de que el Gobierno rectifique este nuevo modelo de factura para mostrar una mayor “claridad y transparencia” con los consumidores. Para ello, apunta que es necesario que el Ministerio trabaje por eliminar el cambio publicado en el BOE el 30 de abril de este mismo año, donde se establece la aceptación de que las compañías indiquen un contenido mínimo y, en consecuencia, esquivar el desglose del consumo en cada tramo horario.
Las falsas promesas del Gobierno, el carácter inhumano de los gobernantes autonómicos que ni siquiera tienen la intención de revertir la situación de las personas sin acceso a la electricidad y el desinterés por entender las preocupaciones y necesidades de una población sumergida en los efectos económicos de la pandemia reflejan la dejadez de las instituciones. “De esta saldremos mejores”, decíamos asomados a las ventanas durante el confinamiento, pero realmente hemos salido siendo las víctimas de un libre mercado capaz de amenazar a los gobiernos. Las familias más vulnerables económicamente continúan sufriendo la comercialización de las necesidades más básicas, al igual que se agrava el impacto que azota al pequeño comercio.
En un país donde los ciudadanos, su dignidad y
bienestar se antepongan sobre los beneficios económicos de las empresas
privadas no importarían lo más mínimo las absurdas batallas de las compañías
por liderar el ranking de riqueza en el sector. Todo lo contrario, se lucharía
para erradicar la pobreza severa, la exclusión social y para que el uso de la
calefacción no se convierta poco a poco en un privilegio. Pero los políticos
españoles, con la ayuda de los grandes medios de comunicación, están demostrando
no ser ejemplo de ese tipo de país.
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