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Rugidos de la juventud

 

Adrián Claudio Bonache (@otroadri)


La juventud carga con todos los males de este país. Las batallas entre los mayores y los jóvenes siempre desembocan en el mismo paraje, donde cada uno intenta demostrar su preparación sobre el que tiene enfrente. Nada de lo que salga de estas batallitas vacías y carentes de sentido lograrán mejoras contra, por ejemplo, el trabajo precario o la creciente edad de jubilación que nos afecta a todos. Y cuando digo "todos" me refiero desde el chaval de 16 años hasta el "señoro" que desprecia sistemáticamente todo lo que provenga de un entorno juvenil. 


España, junto a Grecia, es el país con mayor tasa de desempleo juvenil de toda la UE. La mayor parte de los jóvenes en el mundo laboral trabajan en la más plena precariedad y, en algunas ocasiones, con varios trabajos para que su fin de mes no comience el día 15. Otros muchos rebuscan en las sobras que concede la explotación a través de la web. Esto parece ser desconocido para todos esos adultos que diariamente recalcan el "poco interés" de los jóvenes en aspectos políticos, en lo que nos afecta a todos. Buscamos la explotación porque no tenemos nada, ni siquiera oportunidades laborales, sin entrar en una dignidad laboral que está totalmente fuera de nuestras manos. ¿Qué más tenemos que hacer? 


Guste o no, la juventud está interesada en la política, en su futuro, en la explotación que sufre en el presente, en la falta de oportunidades y en la miseria donde el poder político y económico quiere hundir a sus padres. Cuestionen o nieguen nuestro interés o esfuerzo desde que entramos en las aulas hasta que comenzamos a trazar un camino en este abusivo y penoso mercado laboral (que, por cierto, ni esos adultos tan preparados y luchadores han sido capaces de abolir). Cuestionen todo lo que quieran, como están haciendo hasta el día de hoy, pero al menos no molesten ni criminalicen a los jóvenes que protestan. No les tachen de vándalos. Cuestionen, pero no a nuestro lado, ese no es el camino ni se acerca a las preocupaciones rutinarias. 

La rebeldía está presente en la juventud y con el tiempo será el hartazgo y la pobreza lo que demuestre este carácter. En ocasiones puntuales ya quedó constatado: protestas antirracistas (que también fueron criminalizadas por los bien acomodados), protestas en los barrios obreros madrileños cuando la Comunidad de Madrid quiso imponer un confinamiento selectivo, protestas a favor de raperos y tuiteros condenados por sus letras atentando contra su libertad de expresión, piquetes para frenar desahucios… Incluso movilizaciones llenas de jóvenes en aspectos tan fundamentales en estos últimos tiempos para la agenda política como es la independencia en Catalunya. 


Dejen de defender estereotipos contra la juventud, pues saben sobradamente que son falsos. Ahora que se está cocinando el tema de los youtubers evasores de impuestos, nos atacan por una supuesta defensa ciega a estos enemigos de lo público. Sabemos que estos nuevos creadores de contenido audiovisual no nos darán de comer, del mismo modo sabemos que estamos más cerca de buscar un futuro en el extranjero (si se diera el caso) que de irnos a Andorra porque ganamos cuatro millones de euros anuales. Esto lo tenemos claro, por lo tanto no alimenten etiquetas para seguir agrandando sus ombligos a golpe de falacias.

¿Dónde están esas revueltas que consideran tan necesarias? No se encuentran en ningún lugar porque realmente no han sido impulsadas ni por la juventud ni por los que van dando todo tipo de lecciones. El ambiente evidencia que una mayoría quiere salir a la calle sin entrar a debatir sobre el rango de edades.


Siempre he estado en contra de los estereotipos. Evidentemente, también de las ideas injustas surgidas de impresiones (que ahora están de moda), ya sea para atacar a los jóvenes o contra los más mayores. Puedo decir que no aplaudo esa basura que nos enfrenta; muchos de ellos no pueden decir lo mismo. Somos incapaces de poner en duda el esfuerzo del que se ha sacado cualquier curso académico, al igual que me cortaría la lengua antes de cuestionar el esfuerzo del que no ha podido o querido estudiar y ha sacado su vida y familia adelante. 


No nos limiten. No nos hace falta pegarnos el batacazo porque sabemos perfectamente los problemas que tenemos hoy y a los que nos enfrentaremos mañana, especialmente en el ámbito laboral. Acepten que la juventud no irá a ningún lado sin la mano de los más mayores, como deben aceptar el nulo camino que recorrerán los mayores sin la mano de los jóvenes. Intenten olvidar de una vez ese individualismo, esa superioridad moral y esa selección a la carta que expulsa a una gran parte de la sociedad y niega las voces que podrían formar un tremendo rugido. Luchemos juntos y entierren los aspectos banales. 

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